viernes, 16 de julio de 2010

La mañana siguiente

-¿Te vas? -dijiste levantando la cabeza ligeramente de la almohada con el pelo convertido en un desastre adorable.

Yo me estaba peleando con mis pantalones en ese momento. Tratando -y al parecer no consiguiendo- de vestirme en silencio en la habitación en penumbra.

-Si, es tarde. No quería despertarte.

Ella me miró durante un rato, divertida, mientras me peleaba con los botones de mi camisa. A la luz del único rayo de sol que entraba por la ventana estaba hermosa como no ha había visto nunca en la oficina. Casi la odiaba por estar tan guapa recién levantada.

-¿Tú mujer está en casa?

Miré el reloj instintivamente.

-No, está con sus padres. No llegará hasta las tres - Hice una pausa larga.

-Tenemos que dejar de hacer esto -dije.

-¿No te ha gustado? -dijo poniéndose de lado, y la sabana cayó un poco mostrando sus caderas como si un director hubiera repetido cien veces esa toma para que fuera perfecta. Noté como se me aceleraba el corazón y la sangre subía a mis mejillas.

-Claro que me ha gustado. Es sólo que no quiero que se complique más. Es todo muy complicado.

-¿Te preocupa que me enamore de ti? -dijo poniendo esa cara de niña traviesa que solo ella es capaz de poner y que hace que un escalofrío recorra mi columna.

-Si. Digo, no. Bueno, ya sabes que estoy casado -dije yo, sintiéndome el tipo más idiota del universo.

Entonces te reíste, y el sonido de tu risa era como el de un cántaro llenándose de agua fresca. Tus ojos brillaron y te salieron unos hoyuelos en tus mejillas que no había visto nunca en el trabajo. Me dieron ganas de besarte o de abofetearte, todo a la vez. Debería ser ilegal que una mujer tan guapa se acercara a más de cinco metros de un tipo como yo.

-¿Quién te dice que no estoy enamorada?

-¿Lo estás? -dije dejando de vestirme y sospecho que poniendo una cara que podría ser una mezcla de sorpresa, pánico y Dios sabe qué.

-No he dicho que fuera de ti, bobo -dijo solo por el placer de clavarme un cuchillo en las tripas y removerlo; no sé que cara puse, pero ella sonrió de lado y continuó -Mira, yo ya sabía que estabas casado la primera vez que me fui contigo. No me has engañado y yo no te he pedido nada.

Eso creo que me dejó algo confuso.

-Bueno, ya imagino que verás a otras personas...

-Hace más de un mes de la última vez. Puedes estar seguro de que he visto a otras personas. ¿Te vas a poner celoso por eso?

-Err... bueno, yo... supongo que no, claro.

Te reíste de nuevo.

-Eres muy divertido, ¿sabes?

-Pues la verdad es que no tenía ni la menor idea –dije terminando de abotonarme la camisa tratando de aparentar normalidad.

-Tu corbata y los zapatos deben estar en algún lugar del pasillo. ¿Te importa dejarme un par de cigarros antes de salir? Ayer se me terminó el tabaco.

-Vale. Nos vemos el lunes, entonces.

Salí de su apartamento perdido y confuso, sin saber donde me encontraba. Mientras trataba de orientarme levanté la vista y me pareció verla en la ventana, fumando mientras miraba en mi dirección. Quizás solo lo imaginé.

Cuando encontré mi coche seguía perdido y confuso.

13 comentarios:

Burbu dijo...

El relato me ha parecido encantador.
Pero sólo me ha salido pensar en la mujer del otro tras terminar de leerlo. En estos casos parece una obligación en vez de una chica que en su día también tuvo su historia de amor, y que este capullo se la está arrebatando. ¿Se me nota que odio las infidelidades?

Princesa dijo...

Burbu, se te nota que tienes una edad preciosa para odiar las infidelidades, nada más.

El relato ha sido cojonudo.

molinos dijo...

Él tiene miedo.
Ella no.

Un clásico.

Estupendo.

molinos dijo...

..ops..perdón..seguimiento.

Barbijaputa dijo...

A veces eres muy odioso...

Pétalo dijo...

Es genial. Perfecto.

Diferido dijo...

Me ha gustado.

Burbu dijo...

Princesa, sí, puede ser la edad, dentro de unos añitos te lo digo jejeje, pero no creo que se me pase, o al menos espero que no se me pase.

B.B. dijo...

Triste, muy triste.

Bichejo dijo...

Un relato estupendo, pero sinceramente me dan un poco de pena los tres, la que menos la de la cama, porque sabe donde se metió.

Fiebre dijo...

Guau!
Genial relato.
Se empieza perdido y confuso y se acaba pagando una pensión alimenticia... o con un ataque de ansiedad cada vez que miras a la parienta.

Pero te ha quedado precioso contado, en serio.
La vida misma. El volver a sentir.

Blanco Humano dijo...

Burbu: Todo el mundo odia las infidelidades. Las de los demás especialmente. Lo que pasa es que casi nadie es los demás...

Princesa: no, a mi odiar las infidelidades me parece bien a cualquier edad. Hay cosas en las que no habría que cambiar de opinión nunca. Es una lástima perder la inocencia.

Molinos: te pensaba rebatir el argumento, pero ¿sabes que te digo? seguramente tengas razón. Pero hay más cosas. Siempre las hay.

Barbi: No, yo soy odioso siempre, lo que no sé es por qué la gente no se da cuenta más a menudo. Me alegro de que te guste. Luego me he dado cuenta de que se parece bastante al de Momo.

Pétalo: Vaya, gracias.

Diferido: Me alegra. Yo lo pasé bien escribiéndolo, al menos.

Burbu: yo creo que es mejor que no se te pase. Otra cosa es que luego la vida te lleva por donde te lleva, pero en mi opinión, que la infidelidad te parezca mal, está bien.

B.B.: es que los cuentos alegres no me salen. Es como las canciones, si no hay conflicto, no hay nada que contar...

Bichejo: Bueno, la idea es que de pena. De todas formas, como el cuento lo escribo yo, si quieres hago una precuela en la que ella le pega palizas para justificarlo. O a él le han lavado el cerebro unos extraterrestres. No sé, ya pensaré algo.

Fiebre: Que cruel ha sido eso de la pensión alimenticia. Tengo un par de amigos preocupados con eso, lo que no deja de ser una pena. Un día tengo que hablar en serio sobre las infidelidades. Bueno, o no.

Y sí, esa es la esencia de la historia.

Fiebre dijo...

La vida es cruel. Lo que te hace gozar es la mayor parte de las veces lo que más te jode por otro lado.

Sólo hay que calibrar qué te aporta más, o que te desestabiliza menos.

Eg que soy una romántica mú rara, jomío...