martes, 21 de abril de 2015

En el ambulatorio

Cada vez que estoy en el ambulatorio me acuerdo del experimento de la jaula de monos.

La cosa va más o menos así (y me vais a perdonar que hable de memoria). Se mete a un montón de monos en una jaula. Se coloca un plátano arriba, pero de tal forma que encaramándose a algo, un mono pueda llegar. Luego se electrifica el suelo, para que cuando uno lo intente, todos sufran una descarga eléctrica (me gusta pensar que este tipo de estudios los hacen científicos que trabajan para los malos de Bond en sus ratos libres). Los monos lo intentan varias veces hasta que aprenden que tratar de coger el plátano es una mala idea. De vez en cuando se saca a un mono y se mete a otro nuevo que, como no sabe, nada trata de alcanzar el plátano; pero lo único que consigue es que le den una paliza el resto para evitar la descarga. El juego sigue así hasta que llega un momento que todos los monos son nuevos, porque han terminado sacando a los originales, pero la costumbre sigue aunque ninguno sepa ya el motivo. Cada nuevo mono que trata de tocar el plátano recibe una paliza, a pesar de que ya nadie sabe por qué. Es el "esto siempre se ha hecho así" de los monos (este experimento se puede aplicar a muchas tradiciones humanas y al funcionamiento de algunas empresas, por cierto).

Ir al ambulatorio es un poco así. Es un universo extraño, con sus propias reglas, y cada uno que llega se plantea un montón de dudas. Hay gente que no, que va todas las semanas y se entera de cada norma en el momento que la cambian. Pero la gente normal (moderadamente joven, moderadamente sana, moderadamente ocupada como para perder la mañana en el ambulatorio) no va más que de uvas a peras, por lo que nunca sabe como funciona todo).

Hay dudas que son previas. En plan: ¿Tengo que pedir hora por teléfono? ¿Puedo pedir hora por internet? Si estoy malo y no puedo ir a trabajar ¿puedo ir ahora mismo a por un justificante, o me vale si llamo para pedir hora y me dan cita para dentro de mes y medio? Cosas así. Pero luego hay otras ya de cuando llegas allí. En plan ¿me presento en administración para decir que estoy aquí, o simplemente me planto en la puerta de la consulta? ¿Me llamarán cuando toque mi hora o tengo que pedir turno? ¿Habrá salido una enfermera para ordenar la cola como en el sketch de Martes y Trece y yo me lo he perdido por no llegar en ese momento? Si llego tarde ¿puedo entrar el siguiente o pierdo ya mi turno y me castigan a entrar al final? Ese tipo de cosas.

Y esto nos pasa a casi todos, o sea que allí el que lleva más tiempo es el amo. A mí a veces me gusta ir sin cita, sólo por sembrar el caos. Cuando llevo un rato allí, todos asumen que sé más que el resto, por lo que puedo desinformar a placer. "-¿La doctora Matilde está? -No, pero la está sustituyendo un bedel. Creo que sabe bastante porque estuvo liado con una enfermera". "-¿Por qué hora van? -No sé, pero yo tenía hora para las ocho y media y todavía no me han llamado, o sea que llevan un retraso gordo. Si lleva prisa yo volvería otro día". "Soy María Benítez ¿me han llamado ya? -Tres veces. La doctora ha dicho que si venía le dijéramos que volviera mañana a las ocho. Con un justificante de su médico". Y así. Ha habido casos en los que he conseguido montar peleas entre viejos, que son muy divertidas "No oiga, a usted no le toca, que han llamado a este señor antes, yo lo he oído".

Cuando pasa la hora del almuerzo y vuelven la doctoras, cierro el periódico y me voy dejando la consulta sumida en un caos. "-Oiga, ¿usted no tenía cita? -No, yo es que vengo aquí a leer porque hay muy buena luz. Si algún día no me ven venir al médico es que estoy malo ¿saben?".

Si es que no falla, justo cuando creo que voy a adivinar lo que pone el mono de la documentación, va y me sorprende. Porque mira que he nombrado monos y me veía venir un grupo de chimpancés. Pues nada, el plátano de Warhol. Ojo, que no me parece mal. Yo hubiera preferido unas enfermeras sepsis, pero en fin...


Banca solidaria

El otro día estaba viendo esta conferencia que me dio bastante que pensar. Os pongo el vídeo por si la queréis disfrutar (no es imprescindible)


Resumiendo un poco, Simon Sinek nos habla de la importancia para tener éxito en los negocios de conocer el "por qué" de tu empresa. Y especifica que no es hacer dinero, hacer dinero es la consecuencia. La mayoría saben el "qué" (lo que hacen), saben el "cómo" (el modo de hacerlo), pero no saben el "por qué" (la idea que hay detrás de la empresa). Obviamente si el por qué es simplemente ganar dinero, estas perdido. Así al menos es como me gusta pensar a mí. Creo sinceramente que las empresas que se distinguen del resto lo hacen en que tienen un plan en la cabeza, una idea. Normalmente esto pasa cuando hay una gran mente detrás que es capaz de transmitir esa visión. Pasa en pocas ocasiones, pero cuando eso pasa, la gente se mantiene fiel a una marca porque confía en ellos.

En la época actual, y debido en gran medida a la crisis, no sólo los políticos, sino también la banca parecen haber perdido totalmente la confianza de la gente. Escándalos como los enormes agujeros de las cajas de ahorros o la venta de preferentes sin la debida información han socavado la confianza del usuario de banca. El mensaje que se transmitía era que el "por qué" era "ganar dinero" y el "cómo", "a toda costa". En este estado de cosas da igual cual sea tu "qué" porque la gente ya has perdido la confianza de tus clientes.

Y esto es así, siempre. El usuario debe querer comprar tu producto por tu "por qué", ya que seguramente haya un montón de "qués" iguales al tuyo. Si eres capaz de vender tu idea, serás capaz de vender tu producto.

Una muestra de esto puede ser Banco Mediolanum, un ejemplo del nuevo tipo de banca por internet que parece estar comiéndole a la banca tradicional, pero en este caso con un marcado tono solidario que apuesta fuerte por el apoyo a las ONGs, haciendo de nexo de unión entre sus clientes y los proyectos solidarios locales, que de este modo adquieren una mayor visibilidad. Quizás este sea el modo en el que deba trabajar la banca para volver a ganarse la confianza de los usuarios, realizando acciones que hagan creer a los usuarios en ellos, trabajando de un modo ético y creyendo en esto plenamente (no realizando acciones puramente cosméticas).


viernes, 17 de abril de 2015

Monetizando el blog

Es posible que de aquí en adelante notéis que algunos de mis posts hablan de cosas de las que normalmente no hablaría. Esto es así porque es posible que alguien me pague por escribir algunos de ellos. Podemos entrar a discutir si eso os parece ético o debería seguir alimentándome de pequeños frutos que encuentro cuando paseo por el campo, pero se da el caso de que tengo una rara adicción por intervenir en el tejido económico para adquirir bienes o servicios, y en la sociedad actual parece bastante establecido el uso del dinero (he tratado de pagar en el super con tuits, pero se muestran reticentes a darme mercancía por ellos). Para empeorar las cosas, tengo cierta afición por productos caros como auriculares, libros, cómics, motos y vacaciones en sitios bonitos. He tratado de curármela, pero el sistema capitalista parece encantado con mi tara. En cualquier caso, si Rafa Nadal ha podido ganar dinero anunciando un coche que seguro que no ha conducido en su vida (corrijo: al parecer su contrato le obliga a conducirlo; no obstante, tiene más), o un montón de cantantes y actores anuncian perfumes que estoy seguro de que no utilizan, no creo que pase nada porque yo saque algo de dinerillo extra para mis vicios hablando de cosas aquí. En un mundo ideal, el estado me pagaría una cantidad indecente por molar fuerte y podría dedicarme todo el día a hacer cosas que me gustan de verdad como ver series antiguas o decir lo primero que se me ocurre por tuiter. Incluso me podrían pagar por hacer cosas que sospecho que me gustarían pero no he probado, como tener sexo con modelos de ropa interior o usar los últimos productos tecnológicos de gama alta, pero por ahora nadie parece dispuesto a ello. En cualquier caso, estoy bastante seguro de que la mayoría de vosotros tenéis trabajos que no os gustan y no veis nada malo en cobrar por ellos. En el mundo real (uno en 3D que no está formado por unos y ceros como este) tengo un trabajo ético en el que creo porque lo considero necesario para la sociedad, pero que me obliga a hacer un montón de cosas delante de un ordenador, como escribir números en tablas de Excel, que no me divierten nada. No veo nada de malo en hacer lo que quiera con mi tiempo libre en internet, francamente.

De todas maneras como os conozco y sospecho que todo esto os inquietará un tanto, me voy a adelantar a las dudas que os puedan surgir haciendo una especie de FAQ anticipado.

¿Mejorará con esto la calidad de los posts?
En absoluto. De hecho, es posible que alguno de ellos sea un poco mierder. Lo que sí que es cierto es que quizás esto haga que escriba más. De todos modos, he hecho pruebas piloto (y si, lo he hecho sin avisar; soy un canalla sin escrúpulos) y nadie parece haberse dado cuenta, o sea que parece que tener posts abonados no ha redundado mucho en el descenso de la calidad de este blog.

¿Hay algo que podamos hacer para evitarlo? 
Por supuesto. Si os parece mal esto, cancelo todo y a tomar por culo. Eso sí, he estado haciendo números y a partir de ahora me tenéis que pagar unos 5€ por visita y puede que unos 50€ por comentario (la cosa está un pelín desequilibradilla, lo sé; si la gente comentara más podría ver de bajar la tarifa). Por supuesto siempre se podría reducir un poco esto con la contratación de bonos mensuales y anuales, pero en ese caso me tendríais que firmar una permanencia. Pero vamos, yo creo que os sale mejor que todo esto lo pague otro.

¿Anunciarás sólo cosas en las que creas/confíes/usarías tú mismo/hablarías de ellas gratis de todos modos?
Veamos. Digamos que en general, sí. O al menos trataré de pringarme lo menos posible (hasta ahora mis colaboraciones se han limitado a hablar libremente de un tema y poner un par de links con la excusa). Ahora, si de repente hago un post titulado ADOREMOS TODOS A SATÁN, os recomiendo vivamente afiliaros a las juventudes del PP o alabo las virtudes de la ONG "ACABEMOS CON LAS BALLENAS", confío en que utilizaréis vuestro criterio antes de hacerme caso, que para eso sois mayorcitos (¿o es que si yo me tiro por un puente vosotros os tiráis detrás? Decídmelo, porque entonces igual me planteo montar una secta, que creo que dan más pasta). Y espero que en ese caso os alegréis por mí, porque seguramente haya podido finalmente comprarme esa Indian Scout roja que tanta falta me hace o dos o tres Porsches (es que me encanta el carrera del 68, pero también me gustan mucho el turbo del 86 y el último GT3, no creo que pudiera renunciar a ninguno, la verdad).

Entonces ¿tenemos que dejar de creer en todo lo que dices aquí o has dicho en el pasado?
De ninguna forma. La mayoría de mis posts van a seguir siendo idas de olla genuinamente mías, por lo que no afectará para nada a mi credibilidad actual, (o pasada) que según las últimas encuestas está entre cero y cero coma algo.

De todos modos ¿avisarás cuando un post esté contaminado por el vil metal?
Por supuesto. De hecho, la gente que me paga no parece tener ningún problema en ello. Me recomendaron que no lo hiciera, es cierto, pero no porque les parezca mal, sino porque parece que la experiencia indica que los lectores, que se comen la publicidad oculta a menudo muy poco sutilmente en películas y series o se tragan programas de la tele cargados hasta arriba de spots, no llevan bien que alguien que ofrece un servicio gratuito aquí cobre por ciertas entradas. En cualquier caso, todos los posts que lleven asociado un abono de tipo pecuniario llevarán la etiqueta SHOWMETHEMONEY. Y ahí ya vosotros decidís si lo queréis leer o no.

¿Podemos hacer algo para colaborar en que tus beneficios sean mayores?
Bien, he estado tentado de poner uno de esos links de "colabora con este blog" para que me paguéis lo que mi talento merece (bueno, o al menos lo que a mí me gustaría que mereciera) pero temo que en la coyuntura actual, lo más probable es que la mayoría de vosotros seáis pobres, por lo que sería inútil. En cualquier caso, seguramente la gente que paga a los que me pagan a mí, seguramente esté feliz si pincháis en los links que tengan esos posts. Pero vamos, que si no lo hacéis, no pasa nada. No me enfado, en serio (de hecho seguramente ni me entere).

¿Debemos comprar los bienes/servicios/loquesea que anuncies?
Bueno, supongo que esto es como cuando Tele5 anuncia BMWs en los cortes de publicidad. Entiendo que a ellos se la pela que los compréis, les basta con que veáis los anuncios. Pues yo, lo mismo.

¿Es ético que alguien que se declara de izquierdas cobre por entretenernos en lugar de hacerlo de forma gratuita puesto que todo es libre y debe pertenecer al pueblo?
¿Os he hablado ya de que la sociedad actual parece insistir en el uso del dinero como moneda de cambio? En serio, en cuanto llegue la revolución y consigamos abolir el dinero, espero que podamos vivir felices y en armonía en un estado igualitario en el que todos trabajemos por el bien de la sociedad (aunque espero que mi colaboración a esa sociedad sea tuiteando chorradas más que sembrando patatas o trabajando en una fábrica, la verdad). Pero mientras tanto eso llega, me parece que esto va a tener que seguir así.

Bueno, nos has convencido ¿Sufriremos muy de vez en cuando este tipo de entradas subvencionadas, al menos?
Seguramente casi nunca. Al menos hasta que alguien descubra mi talento y me contrate para decir chorradas en una tertulia de la tele hablando de cosas de las que no tengo ni idea, que ahí es donde está la pasta de verdad. Entonces abandonaré todo esto y me dedicaré a vivir una vida de excesos rodeado de groupies en mi yate. Puede que entonces contrate a un escritor necesitado de dinero para que cuelgue aquí chorradas por mí, eso sí. Seguramente a Arturo Pérez-Reverte. O a Sánchez-Dragó, ya veremos. Igual a los dos.

El mono de la documentación, al enterarse que él no va a recibir ración extra de plátanos, ha decidido insertar una imagen cuya relación con el post (de existir) sería tan larga de explicar que ocuparía tanto como el propio post. En fin, cada uno protesta a su manera. 


lunes, 13 de abril de 2015

Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), de Alejandro González Iñárritu.


En primer lugar me gustaría decir que me gustaría ver una película sin ningún juicio preestablecido. Hubo un tiempo en que tenía mucho tiempo libre y pasta en el bolsillo y veía todo lo que se estrenaba. A menudo entraba en una sala sin saber nada de lo que iba a ver salvo el título y quizás la pinta que tenía el poster (a veces ni eso). Era una época estupenda porque me podía llevar sorpresas enormes y en cualquier caso si una película no me gustaba no me sentía defraudado. Sólo pensaba "pues no me ha gustado".


Eso es imposible actualmente. Ahora una película te cuesta lo que una ración de calamares y una cerveza y eso si no pides palomitas (para eso tienes que llevar las tres últimas nóminas y ver si te lo puede financiar el banco). Ahora todo es ruido mediático y cuando ves una película es muy difícil no hacerlo pensando "¿estaré yo a la altura de los críticos o me sentiré como una mierda porque no soy capaz de ver la maravilla que ellos aprecian?".


Tengo que añadir otra cosa antes de entrar a hablar de esta película (y me jode porque ya alguien me dijo en mi última crítica que se nota que me gusto demasiado y tenía que tratar de ser más breve -sí, estoy hablando de Molinos) y es que no soporto los ejercicios de estilo. Shakespeare hacía obras para el gran público, y las películas de Bogart de los cincuenta eran grandes sin pretenderlo. No había detrás un gran director diciendo "hey, soy un genio: mirad lo que puedo hacer". Algo se fue al garete cuando los directores empezaron a pensar "voy a ser capaz de rodar una película totalmente hacia atrás en la que el protagonista tenga amnesia a ver si se entiende" o "YA LO TENGO: rodemos toda una película dentro de un ataúd" (y si queréis saber mi opinión, soy muy fan de Memento, pero Buried me sacó de mis casillas).


Lo que todo el mundo sabe de esta película (a no ser que haya estado metido en una cueva desde antes de que se estrenó) es que está rodada en un único plano secuencia. Y a mí cada vez que un crítico dice "plano secuencia" me entran escalofríos porque quiere decir que hay un tío detrás de la cámara diciendo "eh, tengo una polla enorme, venid a miradla". Hitchcock era grande porque podía rodar "Con la muerte en los talones" y que un tipo caiga muerto delante de Cary Grant con un cuchillo en la espalda y que su personaje coja el cuchillo por el mango a tiempo de que alguien le haga una foto y tú sigas viendo la película y disfrutándola a pesar de que es totalmente increíble (como que alguien pretenda matar a un espía usando un avión fumigador en lugar de una pistola, una de esas ideas absurdas que dan lugar a otra secuencia memorable). Y si alguien va a mencionar que Hitchcock hizo justo lo mismo que Iñárritu en La soga, que piense que ese argumento sólo la hace más prescindible.


Alejandro González Iñárritu es un autor mexicano que es conocido por obras como 21 gramos, Babel o Biutifull, todas ellas aclamadas por la crítica y premiadas en diversos festivales. Sin ir más lejos la obra que nos ocupa recibió en la última ceremonia de los Óscar los galardones a mejor guión original, mejor director y mejor película. Ahí es nada. El leitmotiv de la obra es batir el récord absoluto de plano secuencia haciendo toda una película en una única toma (esto ya se ha hecho, pero esta es, creo, la más larga). Este ejercicio de estilo hace que, a pesar de la enorme presencia de los actores en plano (a menudo rodados muy de cerca y después de -sospecho- haber mezclado algunos medicamentos que no se deben mezclar), el que esté presente todo el rato sea el director, en un ejercicio de ego insoportable y probablemente inédito. Directores menos valorados por la crítica sesuda como Clint Eastwood o Steven Spielberg, no son capaces de hacer algo así (por pudor, supongo) y no consiguen lo que un espectador casual (uno de esos que no esperan a leer la crítica del Fotogramas para ver si la película le tiene que gustar o no) definiría como un "coñazo insoportable" (y estoy citando palabras textuales de la persona que sufrió la película conmigo). Te cansas de ver planos de actores de espaldas andando por pasillos o diálogos que no tienen contraplano porque mover la cámara cada vez que uno de ellos habla sería mareante (mira, eso al menos lo hace mejor que un director amateur). Por no mencionar esa machacona banda sonora de batería que no conforme con ser irritante por si sola, el director insiste en hacer autoconsciente metiendo en plano (¡en dos ocasiones!) al propio batería sólo por rizar el rizo.


La película arranca con un plano de espaldas (una de muchos) de nuestro protagonista levitando a un metro del suelo en la posición del loto y a partir de ahí nos lleva durante dos horas de cámara en mano (y me vas a perdonar Alejandro, pero desde el invento de la steadicam los planos secuencia tienen mucho menos mérito que cuando las cámaras iban montadas sobre raíles) por las paranoias de los actores, que ya sabemos que son gente inestable porque nos lo han contado en un montón de películas, y algunas bromas privadas muy inteligentes pero no muy divertidas (como que el protagonista sea Michael Keaton, conocido por haber protagonizado el Batman de Burton, interpretando a un actor que trata de ganarse el respeto de la crítica después de haber hecho tres películas interpretando a Birdman, un superhéroe (de disfraz ridículo, gracias por la sutileza, Alejandro) al que escucha en su cabeza hablar con una voz muy parecida a la de Batman). Iñárritu se burla del cine de superhéroes (de hecho en la única secuencia que tiene cortes -si, olvidaba que incluso en su pretensión termina haciendo trampa con una secuencia llena de cortes absurdos- sale un Spiderman bailando sin que venga mucho a cuento), del cine de acción y de las películas que buscan el favor del público sin esforzarse en hacer arte. Incluso de burla de la crítica, (personalizada de una forma muy poco sutil en una crítica teatral que escribe sus críticas en una moneskine desde un bar mientras toma martinis) que lo tiene muy fácil en poner a caer de un burro la obra de alguien que arriesga y trata de crear, con etiquetas y frases manidas. Pues lo siento, Alejandro, hay gente que hace cine con un ego más pequeño que Australia y trata de contar historias sin tratar de epatarnos con sus enormes capacidades técnicas. No está del todo carente de ironía que la obra que lleve al escenario el protagonista sea de Raymond Carver uno de estos autores que se la ponen dura a la crítica literaria precisamente por no contar nada en sus historias (tienen atmósfera) y que años después de su muerte se descubrió que parte de su mérito artístico estaba en la tijera de su editor, que recorto, reescribió e incluso cambió los finales de un montón de sus historias.


Creo que esta película se debería estudiar en las academias de cine como ejemplo de lo que no hay que hacer, y quizás su mayor mérito es que después de esto nadie tratará de hacer un plano secuencia más largo que el anterior, utilizando la técnica que en mi opinión es el mejor ejemplo de cómo un director puede tratar de medir la longitud de su miembro viril y compararla con el resto. Scorsese en Uno de los nuestros (1990) hace un magnífico ejemplo de 3 minutos y 13 segundos y ocho años después Brian de Palma hará una magnífica demostración de 12 minutos de cómo hasta el sexo se puede hacer aburrido cuando dura más de la cuenta, en la entretenida Snake Eyes (y lo siento, no puedo menos depreciar más una película con un adjetivo positivo). En este caso Iñárritu llega al paroxismo rodando toda la película en un único plano secuencia (algo que por otra parte -como ya he comentado- habría hecho ya Hitchock en La Soga, salvo porque técnicamente no era posible -y qué más da, si este plano secuencia de Birdman también está falseado después de todo) lo que es totalmente absurdo teniendo en cuenta que realiza saltos temporales. Veamos ¿qué sentido tiene rodar todo en un único plano si de repente la cámara se mueve y advertimos que ha pasado el tiempo porque aparecen cosas que antes no estaban ahí?


Después de esto ¿qué vendrá? ¿Con qué nuevo desafío nos aburrirán los directores con inquietudes? ¿Una película íntegramente rodada sin imagen, sólo con voz en off? ¿Un plano fijo de dos horas del ombligo del director? ¿Una película collage hecha enteramente con recortes de anuncios? Espero ansioso, en serio. Mientras haya gente que siga haciendo historias que merezcan verse como Nebraska, Perdida o Guardianes de la Galaxia (y no admito discusión sobre ninguna, especialmente la tercera).


Por otra parte, y dejando de lado el ejercicio de prestidigitación, la película se hace larga (le sobra fácilmente media hora) los personajes dejan de interesarnos pasado un rato porque ya vemos que están todos como una puta regadera, y se lleva la suspensión de la incredulidad al extremo de tal manera que llega a un momento en que poco importa lo que pueda pasar en el escenario porque cualquier cosa es posible. Me cuesta decir esto sin parecer condescendiente, pero me parecen más creíbles muchas de las películas de superhéroes que González Iñárritu pretende criticar, o al menos más coherentes con su propio universo. En cualquier caso los directores que realizan tales obras de ficción son capaces de hacerlo sin tanta afectación.


Plano inicial de Birdman. Espero que os guste ver espaldas porque os vais a jartar.


Por lo demás, si alguien quiere ver una buena película sobre los problemas de un director de teatro al tratar de manejar a un grupo de actores histéricos haría mucho mejor en ver la magnífica y lamentablemente casi desconocida ‘¡Qué ruina de función!’ (‘Noises off…’, 1992) de Peter Bogdanovich -también director de la absolutamente genial What's up, Doc (1972)- y que esto mismo en una película mucho más divertida y sin ese tufillo pretencioso de "peli para listos*".


*Trademark by Molinos).


PD: esta vez he sido yo el poli malo, si queréis ver la crítica de Molinos de la misma película, está en el link. A ella por lo que sea, se ve que le gustó. Por cierto, ya está maquinando de qué otra cosa podemos hacer crítica. Si a alguien tiene alguna idea se admiten sugerencias...


martes, 7 de abril de 2015

Lo siento, soy tío (aunque sea un poco)

Llevo toda la vida pidiendo perdón por ser tío. No me gusta el fútbol, no soy capaz de montar una estantería y todo lo que sé de mecánica es que el motor es lo que va dentro del capó del coche. Todo eso te hace sentirte mal y casi tener que pedir disculpas por representar tan mal a tu propio género. No me he metido en mi vida en una pelea y ni siquiera he sido nunca capaz de soltar un piropo a una tía cuando pasa -vale, puedo mirar de reojo, pero procuro no molestar al hacerlo y desde luego nunca digo nada.

Hasta tal punto soy poco tío que no soy capaz de salir de casa sin una bandolera (y lo siento, no soy capaz de llamarla bolso por una sencilla cuestión de autoestima) que es una cosa que antes era terreno vedado para los hombres (y hasta que no pruebas no sabes lo cómodo que es no tener que llevar cosas en los bolsillos). No soy poco tío hasta el punto de ponerme cremas habitualmente, aunque reconozco que tengo y alguna vez me pongo (cuando me acuerdo, que suele ser cada quince días, o así). Una vez sí que tuve un curro al aire libre y ahí me ponía religiosamente cada día crema en las manos, en la cara y los labios porque tampoco le veo ninguna ventaja a arrugarse como una pasa por las inclemencias del tiempo (o que se te corten los labios por el frío). Tengo que mencionar que en aquel curro en el que solo había hombres (con estudios, eso sí, que tienden a ser más tolerantes) al principio hubo mucha coña al respecto pero al poco tiempo la gente comenzó a imitarme.

Soy tan poco tío que cuando he llevado el pelo largo lo he llevado tan cuidado que las tías me paraban para preguntarme qué me ponía. Y durante mucho tiempo cuando salía de ligue tenía reparos en entrar a una chica porque pensaba que nunca sabes si de verdad quiere que le entren o está harta de que la agobien y total, ¿qué le vas a contar si eres el tío 235º de la noche que le va a decir que tiene unos ojos muy bonitos, cuando lo que de verdad has estado mirándole es el culo? La ventaja de esto fue que conseguí lo que otro amigo denominaba rimbombantemente 'el radar' y que es esa sencilla técnica de aprender a mirar a los ojos de la gente para saber lo que quieren. Si la gente se fijara un poco en los demás antes de actuar, evitaría hacer muchas cosas inoportunas.

Por desgracia vivimos en una sociedad en la que si te describes a ti mismo como "poco tío" se asume que es por escasa virilidad (ya sea en potencia sexual, en tamaño de los genitales, o en ambas) por lo que cuando me describo así, a la gente le hace gracia de una manera incorrecta. Por suerte no tengo complejos en ese aspecto, por lo que eso me la pela bastante. Por otro lado tengo un físico que deja bastante poco lugar a dudas sobre a qué genero pertenezco (y temo que ni bailo ni visto lo bastante bien como para no oler a hetero a kilómetros).

Es cierto que tengo la suerte de ser tío (o no, que esto sería muy discutible, pero lo vamos a dejar pasar) al menos en que no sufro discriminación por razón de sexo, no cobro menos que una mujer que desempeñe mi puesto de trabajo (tampoco he estado nunca en una empresa en la que pase eso, pero se dice mucho, así que debe ser cierto*) ni he tenido nunca problemas en una entrevista de trabajo por miedo a que me pueda a dar de baja por embarazo. No tengo miedo a andar solo por la calle (más allá de ciertos barrios en los que por mucho que uno esté seguro de si mismo sabe que si le salen cuatro tíos con navajas le van a dejar hasta sin pantalones) por miedo a que me violen.

Tengo que decir que el hecho de que las mujeres tengan que sufrir todo esto me repugna totalmente, y que el hecho de que alguien sea capaz de pensar (no digo ya realizar) cualquier tipo de acto violento contra una mujer, me revuelve las tripas. En general no considero que la violencia sea solución para ningún problema y desde luego no es éticamente ni medio defendible cuando se ejerce desde una posición de superioridad física (ya sea contra un niño, una mujer o simplemente contra cualquiera más débil). Por supuesto esto incluye cualquier maltrato psicológico. Obviamente no hago distinciones entre quién realiza este maltrato sobre quién, aunque parece que el foco está en los hombres que lo realizan sobre las mujeres. En mi opinión vivimos en una sociedad enferma que permite este tipo de malos tratos, y me parece que debemos rechazarlos todos (sobre mujeres, sobre niños, sobre pobres, sobre subordinados... sobre quien sea).

Curiosamente, de un tiempo a esta parte (y sólo en tuiter) siento que tengo que pedir disculpas por ser tío, aunque sea poco. Al parecer hay una corriente de pensamiento (que no me he encontrado en mi círculo cercano en el mundo real -en el que por cierto hay más mujeres que hombres) en la que el mayor problema reinante en la sociedad actual es el machismo y todos los hombres somos culpables puesto que en tanto que hombres pertenecemos al bando opresor y somos beneficiarios de la discriminación aunque no la ejerzamos. Incluso aunque la repudiemos.

Es más, se está produciendo un fenómeno de estalinización tal del feminismo que ahora mismo o estás en el lado extremo del feminismo o estás con los machistas. No hay grises (los grises siempre son incómodos, porque aportan confusión). Incluso se encuentra una nueva raza de conversos (hombres, claro) que atacan con virulencia a todo aquel que no demuestre su mismo compromiso con la causa. Además, parece que el mero hecho de tener pene te incapacita para hablar sobre la cuestión, como si para opinar sobre fútbol hubiera que ser futbolista o para hablar del cine de Spielberg hubiera que ser el propio Spielberg.

Venga, pues vale.

Sobre esto lo único que tengo que decir es que realmente creo en la importancia del movimiento feminista. Que todos los avances que se han realizado durante todo este tiempo ha sido gracias a él y que a veces me da la impresión de que parece que se está dando un paso atrás en mucho de lo conseguido (especialmente en la cosificación de la mujer, tengo la teoría de que por culpa de ciertos estereotipos que transmite la televisión últimamente, si bien considero que esta descerebralización se está dando en ambos géneros). Quizás por eso no haya que relajarse y tengamos que tratar de volver al camino correcto. A pesar de no ser mujer veo un montón de actitudes y situaciones que me ofenden por ser contrarias a la igualdad en la que creo.

Luego por otra parte me gustaría señalar que cada uno puede ondear las banderas que considere oportuno, faltaría más. La militancia es algo realmente valioso y son los militantes de las causas los que realizan cambios en la sociedad a base de vencer las resistencias. Pero que esto no nos haga perder de vista algo: que lo mismo que cada uno es libre de enarbolar las banderas que quiera, yo tengo mi derecho a no adherirme a dichas causas con igual entusiasmo. Es más, si algo hace maduro a un movimiento es el derecho a la disidencia. En el momento en el que dejamos de admitir las críticas ¿qué nos diferencia de los votantes que defienden a capa y espada sus siglas hagan lo que hagan sus miembros con la defensa de "¿y los vuestros qué?". Considero que lo mismo que yo exijo más limpieza en mi bando que en el resto (porque para eso son mi bando y me representan a mí) cada uno que enarbola una bandera es responsable de establecer los controles en su propio bando. No me gusta ser acusado de machista cuando me limito a señalar que yo haría las cosas de otra manera.

En cualquier caso, esta es mi opinión personal y no trato de representar a nadie con ella. Me conformaré si a alguien le sirve de reflexión. Sinceramente espero que este debate sobre la igualdad sea algún día un tema del pasado porque se comprenda realmente que hombres y mujeres somos iguales (con nuestras diferencias) y que debemos tener los mismos derechos. Y espero que en el proceso no se haga una caza de brujas o guerra civil que no creo que beneficie a ninguno de los bandos. Estamos juntos en esto, después de todo. O deberíamos.




*Sospecho que las estadísticas se sesgan más en que pocas mujeres llegan a los cargos donde se cobra más, lo que no digo que no sea un problema, pero es posible que me haya impedido verlo directamente.

jueves, 2 de abril de 2015

Religión para dummies

Aprovechando que son unas fiestas muy señaladas, concretamente la Semana Santa (sí, ya sé que esto se dice más de la navidad, pero yo señalo las fechas que me da la gana) la dirección de este blog, y en concreto yo (a lo mejor os pensabais que había alguien más) ha decidido tocar un poquito el tema de la religión. Y me vais a perdonar si toco solamente la católica, pero es que es la única que me sé un poco (tampoco demasiado). Los musulmanes, judíos, budistas, hindús, protestantes, sintoístas, adventistas del séptimo día y demás van a tener que protestar a los que diseñan un sistema educativo que enseña sólo UNA religión (en un estado aconfesional, tócate los cojones).

La Biblia es, junto con El Quijote y las páginas amarillas, el libro que hay en más casas pero ha leído menos gente (al menos en este país). Y yo, que no solo no la he leído sino que ni siquiera tengo una en casa (un Quijote sí, por si os lo estáis preguntando. Bueno, creo; tendría que mirar en el trastero) voy a tener el atrevimiento de comentarla un poco. El principio, al menos.

Al principio, Dios estaba solo y aburrido. Y esto, me vais perdonar, pero me parece fatal como motivación de un personaje, así en general. Mucho más para crear un universo. "Oye, que me aburro, voy a ver si creo un universo o algo". Pues qué queréis, no lo veo. Eso por no mencionar que a este principio le falta punch como para ser un bestseller. Pero vale, vamos a darlo por bueno.

El caso es que nuestro protagonista (llámale Dios, llámale energía) se aburre y decide crear el cielo y la tierra. Yo entiendo que esto lo cuentan así porque ya saben que a los de aquí nos interesa más lo nuestro, pero vete tú a Alfa Centauro y cuéntales que a ellos no los crean hasta el cuarto día. Tampoco voy a entrar mucho en el tema de que crea la luz el primer día y no crea las estrellas hasta el cuarto, por lo que supongo que lo que inventó primero fueron las bombillas. En fin, detalles.

El caso es que se lía a crear cosas en plan pájaros, ganado, reptiles, monstruos marinos (en serio, esto lo pone; se ve que Dios era bastante de Lovecraft) y llega al hombre y decide hacer sólo uno. Con dos cojones. Bueno, la verdad es que no lo cuentan así. En el primer capítulo la biblia dice que crea al hombre y la mujer para que crezcan y se multipliquen. Luego ya en el segundo entran en más detalle.

Al principio, pero ya un ratito más tarde -como una semana o así- Dios coge un montón de arcilla y con él modela al hombre y le da vida con su aliento. Que a mí a Adán me gusta imaginármelo como esos muñecos de plastilina que se usaban para hacer cortos de stop motion , así en plan gracioso. El caso es que lo suelta en el paraíso y le dice oye, que aquí puedes hacer lo que quieras menos tocar el árbol del conocimiento del bien y del mal "porque el día que lo hagas quedarás sujeto a la muerte". Que estaréis conmigo que como amenaza es de las mejores. Es como decir "si tocas eso lo mismo luego vas y te mueres. No lo haré yo, ojo. Pero vamos, que te mueres". Muy en plan mafia.

El caso es que luego se lo piensa mejor y dice "no es bueno que el hombre esté solo". Yo me imagino que el niño, solo como estaba, lo único que se le ocurrió es ponerse a jugar con su pirulilla -que es lo que hace cualquier tío en cuanto está un rato aburrido y no hay nadie mirando. Y claro, a Dios le debió de dar apuro pensando "mira qué imagen va a quedar de mí: lo único que creo a mi imagen y semejanza en todo el universo y ahí lo tienes todo el día pelándosela como un mono". Y claro, tuvo que tomar medidas. De todos modos, de esta parte no pone nada en la Biblia, pero yo lo veo clarísimo que tuvo que ser así.

El caso es que le coge una costilla al moñeco (pero ¿quién se molesta en hacer costillas a un muñeco de barro?) y de allí modela a la mujer (supongo que la primera mujer debía ser pequeñísima; algo así como un pitufo). Pero vamos a ver ¿se te había terminado el barro acaso? Pues chico, baja a la tienda de manualidades y compra más ¿no? que para eso eres Dios. En fin.

Por cierto, una curiosidad sobre todo esto. Como ya he comentado yo no he leído la biblia, así que he decidido buscar una por internet para documentarme un poco (sí, yo me documento para mis posts ¿qué pasa?) y me he basado en ésta, que como está en la web del Vaticano parece de fiar. Pues nada, que me llama la atención que hasta este momento, los protagonistas no tienen ni nombre. Al que ha escrito esto le hace falta un libro de estilo urgentemente. Pero bueno, pasemos esto por alto.

El caso es que entonces pasa lo de la serpiente. Dejad que me detenga en este punto un momento. En primer lugar ¿para qué pones el puñetero árbol? Si no quieres que lo toquen, pues no lo pones y en paz. O lo colocas en Alfa Centauro, que anda que no falta que lleguemos. Pues no, ahí en todo el medio. Si es que vas pidiendo a gritos que te lo toquen.

De todas maneras yo todo esto no lo veo nada creíble. Imaginad por un momento el paraíso. Y en este paraíso tenemos a la primera pareja, que el único trabajo que tienen es crecer y multiplicarse. No solo eso, es que además Adán está hecho a imagen y semejanza de Dios, o sea que debe dejar Jon Kortajarena a la altura de Alfredo Landa. Y claro, supongo que Eva será algo similar. A mí me gusta imaginármela como una mezcla de Eva Mendes con Eva Herzigova (que son las dos primeras Evas que me han venido a la cabeza, me vais a perdonar) que bueno, no sé como sale, pero algo bueno tiene que salir de ahí. O sea, que el barro estaba todavía secándose y ya estaban copulando como bonobos.

-OYE, ACORDAOS DE LO DEL ÁRBOL

-Err... ¿cómo dices, Señor?

-LO DEL ÁRBOL. QUÉ NI SE OS OCURRA ACERCAROS AL ÁRBOL

-Perdón ¿qué árbol? Es que me pillas ahora mismo con un poco de lío, no sé de lo que me hablas

-EL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO DEL BIEN Y DEL M... PERO ¿ME QUIERES HACER CASO?

-Huy, perdona. Es que claro, no nos has dejado manual para lo de multiplicarnos y estamos probando cosas.

-PUES YA OS DIGO YO QUE NO ES ASÍ ¿ME ESTÁS ESCUCHANDO EVA? ¡SÁCATE AHORA MISMO ESO DE LA BOCA, QUE NO ES PARA ESO!

-¿erdón? Ej gue no ejtaba ejguchando. Ahoda esdoy gon odra gosa. Agabo en seguida. Buedo, greo. Do sé...

-MIRA, DA IGUAL. YA OS MANDO A MI ENCARGADO DE MARKETING. SEGURO QUE SE LE OCURRE COMO VENDEROS LA IDEA... 

Vamos, que a mí lo de la todo esto no me cuadra nada. Porque bueno, vamos a suponer que de verdad eres Dios y decides crear el mundo porque te aburres. ¿Qué es lo primero que haces? Pues te pones a probar cosas, claro. Haces cosas, montas planetas y tal. Lo que viene siendo un Lego de toda la vida (un Minecraft, para los menos viejunos; o un Tente para los más). Luego claro, te aburres y te pones a ver porno. Pero claro, eso también da para un ratito. Entonces ¿qué haces luego? Joder, yo es que lo veo claro, te montas un reality. Pones a un montón de gente en un espacio reducido y te dedicas a putearlos. "Oye mira, que como no habéis pasado la prueba semanal os voy a tirar del paraíso y ahora vais a tener que currar para ganaros la comida, vestiros para no pasar frío, pelearos entre vosotros y tal. Venga, nos vemos en la Gala Final".

Lo que pasa es que visto que ya no se aparece a gente en zarzas ardiendo y tal para darles misiones, me da a mí que se ha aburrido de este programa y está viendo otra cosa. A ver si al final sí que vamos a estar creados a su imagen y semejanza, que veo que nos parecemos un montón...

Dice el mono de la documentación que ha estado buscando imágenes de Adán y Eva y le salían todo el rato unos frikis en bolas como de un programa de la tele o algo, así que al final se ha decidido por poner una foto de Eva Mendes que como la menciono supone que será famosa. Que no entiende por qué, que no le ve el más mínimo interés, pero que bueno. ¿No es para matarle? Ya me veo otra vez petando las visitas por los cerdacos que entran por google imágenes como la vez que puse el culo de una jugadora de voley playa...

viernes, 13 de marzo de 2015

Blitz, de David Trueba (la crítica)

David Trueba es un joven creador (bueno, 45 tacos; la verdad es que pensaba que era más joven hasta que lo he mirado en la wikipedia) conocido fundamentalmente por su labor como director y guionista de cine. Debo confesar que no soy mucho de cine español (le faltan explosiones y le sobra drama social, para mi gusto) pero vi Madrid, 1984 y no me pareció mal (María Valverde en bolas en un cuarto de baño durante 3/4 partes del metraje, sólo eso ya justifica su visionado, en mi opinión). Por tanto pensé que este libro había de depararme, como mínimo, una agradable lectura. Qué gran error por mi parte.


Menos conocido como su faceta de novelista, tiene publicadas cinco novelas, de las cuales una ha sido premiada con el Premio Nacional de la Crítica (Saber perder) lo que es suficiente para que leer su última novedad en el metro te haga parecer un tipo interesante con inquietudes intelectuales, lo que no está nada mal (podéis probar si queréis con Lo que más me gusta es rascarme los sobacos de Charles Bukowski y veréis como, a pesar de ser mucho más sesuda, os hace parecer mucho menos interesantes y bastante más zafios).


La novela del director es un tour de force, un ejercicio estilístico finísimo, en el que juega con el tiempo de una manera magistral. Comienza con una portada minimal y superestilosa que ya hace pensar que será algo digno de una mente superior (y no me digáis que la portada la escoge el editor porque el mismo dibujo se repite en el interior, con la excusa que lo ha dibujado el mismo protagonista como autoretrato -que no se lo cree ni él, claro, porque está dibujado de espaldas, lo que requiere un juego de espejos digno de Norman Rockwell). El título en alemán ya echa para atrás un poco, porque además no explica su significado, como esos libros supersesudos de Ortega y Gasset (sí, he leído La rebelión de las masas ¿Qué pasa?) en los que ponía un montón de citas en inglés, alemán y latín sin traducirlas como diciendo "si no sabes tantos idiomas como yo, igual no deberías estar leyendo esto*".


Bueno, como cualquiera que haya visto documentales sobre la segunda guerra mundial sabe, blitz significa relámpago (y de ahí blitzkrieg "guerra relámpago"; antes de que lo preguntéis, desconozco lo que significa blitzkrieg bop). Al principio del libro hay un poema de Emily Dickinson (en inglés original, cómo no, aunque traducido más abajo para hacernos sentir mal con nuestra escaso manejo de la lengua de Shakespeare) que menciona el relámpago tangencialmente al hablar de la Verdad (así, con mayúsculas). Esto ya nos hace ver que se trata de un libro que vamos a tener que dejar bien cuando nos pregunten por él, así nos parezca un truño (bien jugado, David).


La novela empieza con un mensaje demoledor que paso a transcribir:
"aún no le he dicho nada. me cuesta tanto. uff. tq ♥".
Así, sin mayúsculas, con un tq y un corazón. Ya solo por el valor de hacer esto, esta obra merecería estar en lo más alto de las letras hispanas. Implica una capacidad de trasgresión que ríete tú de Joyce. Pero eso no es todo. La siguiente fase sentencia "Pero el mensaje no era para mí". No había arrancado una obra con tal rotundidad desde Kafka. (Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto). A partir de ahí la obra realiza un flashback en forma de monólogo interior que explica brevemente cómo se llega a la situación presente. Beto es un joven paisajista que llega a Múnich sin ser muy consciente de que su relación sentimental con una hermosa pretendiente a actriz -fracasada- exnovia de un cantante de cierto éxito, se está derrumbando. En mi opinión hay algo de grandeza ya en la definición de los personajes: un arquitecto que ha terminado diseñando jardines en plena crisis, lo que hace de la suya una labor totalmente superflua (y sin fondos municipales para contratarle, que es lo que a él le afecta, algo no muy distinto si lo pensamos de la labor de cineasta en la época de sequía de subvenciones), una actriz muy bella pero con una carrera que no ha llegado a despegar y cuyo mayor logro fue tener una relación con un cantoautor uruguayo de éxito moderado (y pese a todo, el más exitoso de los tres) del que ya se aclara que compartió gira con Jorge Drexler (supongo que para evitar que le pongamos nombre y apellido).


(A partir de aquí temo que van a ser inevitable colar algún spoiler para un análisis medianamente solvente, por lo que recomiendo a los que pretendan leer la obra que pasen directamente al párrafo final y ya si eso decidan si volver y leer el resto la reseña o no)


Más allá de la inevitable ruptura (anunciada en la primera frase) o de las andanzas de un arquitecto español perdido en Alemania en busca de ganar un concurso de paisajismo que ya desde el principio él mismo nos anuncia que no se veía capaz de ganar ("Yo fui el primer sorprendido de que seleccionaran mi 'Jardin de los tres minutos' entre los finalistas") la novela nos habla del paso del tiempo. Y no lo hace con sutileza. Ya en la cuarta página se nos describe (¡incluso con dibujos!) el proyecto de un jardín con relojes de arena para que cuando alguien se siente en un banco pueda calcular sus tres minutos de relax. Detengámonos un segundo para apreciar la ironía que nos presenta el autor. Tres minutos de relax. Un arquitecto paisajista que más adelante se declarará admirador de otro diseñador de jardines japonés, país conocido por sus magníficos jardines zen en los que el tiempo parece detenerse y la mano del diseñador debe ser difícil de advertir salvo por la caprichosa disposición de las piedras, tiene la idea de diseñar un jardín en el que puedes medir visualmente lo breve del tiempo del que dispones para relajarte. Como el relojito de Windows, vaya. Un disparate enorme a todas luces, que nos hace ver lo absurdo de la condición humana ya desde las primeras páginas. Bravo.


Pero la genialidad del uso del tiempo no se detiene ahí. Los capítulos se dividen por meses comenzando por Enero y acabando en Diciembre, en lo que abarca un año de viaje vital de nuestro protagonista por el periplo de la vida. Pero este reparto de meses no es equitativo. El primero de ellos, Enero, en el que se nos cuenta la ruptura, requiere 114 páginas. Sin embargo los 11 restantes tan sólo necesitan apenas 26, habiendo meses que ocupan tan sólo una o dos. Y esto está obviamente justificado ¿No es cierto que para el sufriente el tiempo se ralentiza de una forma dolorosa, hasta casi parecer que se detiene? Pues así nos lo transmite el autor de la novela (que digo novela, libro de la vida, slice of life) que eterniza fragmentos de una manera que hace que a nosotros también la lectura del libro se nos antoje eterna. Y tan magistralmente lo hace que incluso los capítulos más breves resultan insufribles al extremo por la interrupción que realizan de la acción principal de la historia para detenerse en pequeños detalles carentes de interés. Un ejercicio de estilo así puede tener mérito cuando escribes una trilogía del tamaño del El señor de los anillos (cuyo tomo dos logra la maravillosidad de que lo terminas y dices ¿de verdad hacía falta escribir este tomo?) pero alcanza niveles de genialidad absoluta cuando consigue que una obra de apenas 166 páginas (muchas de ellas medio vacías o con dibujos) se haga realmente eterna. Una vez más, BRAVO.


Temo que parte de la crítica se quedará con el poco creíble romance de Beto con una mujer madura ignorando el hecho de que Helga es la intérprete del congreso y por tanto la única persona que nuestro protagonista conoce en Múnich. Podía haber sido un marine afroamericano o un golden retriever, tanto da. Beto es un hombre en las manos del azar que en ningún momento parece ser dueño de su propio destino, al que los dioses, quizás ofendidos por su atrevimiento de tratar de atrapar el reposo de los humanos en jardines llenos de relojes, le hacen pasar por todo tipo de situaciones vergonzantes y ridículas, como que pierda su móvil porque al día siguiente de la ruptura trate de masturbarse con él en la ducha mirando fotos de la mujer que le acaba de abandonar, o que se quede sin dinero en un arranque absurdo al adquirir un teléfono de gama alta para sustituir al bien perdido (obviamente trata de compensar con ello inconscientemente la pérdida de esas fotos de su exnovia desnuda que ya nunca podrá tener). Es por esto que Beto no elige en ningún momento enamorarse de una señora con nietos (me niego a llamarla abuela) simplemente es lo primero que tiene a mano. Ahí reside la grandeza de ello.


Vemos más muestras de que Beto es el clásico héroe griego a merced del capricho de los dioses en que otro de los invitados al congreso sea una suerte de némesis de nuestro protagonista (por motivos que no acaba de aclarar, más allá de que hayan coincido en algún otro concurso y le haya ganado un par de ellos) con el que compartirá una de esas situaciones que te hacen sentir vergüenza ajena por el protagonista más que simpatía y que por motivos igual de inexplicados lo acaba acogiendo para que trabaje con él (un deus ex machina en toda regla que volverá a repetirse más adelante).


Todo en la novela se antoja absurdo y ridículo, visto además bajo una luz cruel de tubo de neon, que lejos de edulcorarlo o suavizarlo como se suele hacer en literatura, hace parecer vulgares las situaciones más cotidianas, cuando no directamente repulsivas. David Trueba usa la voz de Beto para narrar con un estilo pueril, casi naïf, que nos hace comprender que la falta de estilización de las situaciones reflejadas pretende hacernos reflexionar sobre ellas, como los actos sexuales narrados con todo tipo de detalles, cual película pornográfica gerontófila. Todo ello sazonado con comentarios y bromas un tanto burdos que nos hacen reflexionar sobre la fatuidad de la existencia humana y en concreto de la de nuestro protagonista, que es un completo patán.


Hubiera sido muy fácil para el autor presentarnos al típico joven agobiado por la crisis en España que tiene que escapar a Alemania para subsistir, donde encuentra el amor en brazos de una mujer madura porque es capaz de ver más allá de la pérdida de su juventud en la calidez de una persona valiosa por su experiencia, más allá de sus arrugas y sus flacideces. Sin embargo David Trueba elige el camino difícil y es capaz de presentarnos a un personaje sin talento ni éxito que ha obtenido lo poco que tiene de casualidad y se sigue manejando durante todo su trayecto vital a la deriva por donde le llevan las corrientes del azar, tan sólo obsesionado con la idea de los relojes de arena (la única que parece auténticamente suya, y que finalmente le da algo de rendimiento al convertirla en una app para móviles, pero sólo porque se lo sugiere su antiguo archienemigo -de nuevo el deus ex machina) hasta tal punto que cuando finalmente decide tomar las riendas de su vida (en un desenlace que no revelaré pero que resulta obvio mucho antes de terminar el libro) no parece que lo esté haciendo en absoluto, sino más bien repitiendo el único truco que sabe hacer, en una metáfora de la generación perdida a la que pertenece, sin motivación, sin metas, sin futuro ni esperanzas.


Esta es una obra de la que me gustaría decir que es un truño insoportable, pero que no puedo por los motivos apuntados más arriba. Estoy convencido de que toda la crítica la aclamará como una pequeña gran novela y como mínimo nos granjeará la admiración y simpatía de gente con la que la comentemos como personas cultas y de sensibilidad. Podríamos haber dedicado este tiempo a leer (o incluso releer) grandes obras como A sangre fría de Capote o El americano impasible de Greene, pero nada nos hará parecer más cool como llevar este libro bajo el brazo de un sitio a otro (con la ventaja de que como es cortito, pesa poco). Realmente si has leído esta reseña ni siquiera te hará falta leer el libro, te vale para una conversación literaria de nivel medio. Un must en toda regla.


Obra mencionada -si bien es cierto que tangencialmente- de Norman Rockwell- ¿Que os esperabais, la portada del libro? Si queréis reseñas serias id a El buscalibros, coñoyá. Aquí el que elige las fotos es el mono y pone lo que le rota.


Disclaimer: esta absurdez ha sido responsabilidad de la mente enferma de Molinos por motivos que sólo ella sabrá y que espero que la hagan ir al infierno o a algún sitio peor como quizás Valladolid. Por lo demás, si alguien quiere ver otra reseña de la misma obra pero escrita en serio buena de verdad, puede encontrarla en su blog.


*En realidad el nombre del libro se explica en la última línea de tal forma que podría haberse llamado perfectamente Rompeculos o Los Muertos, PORQUE ES EL NOMBRE DE UNA CALA. Una genialidad más del autor, aunar de esa forma lo metafórico y lo mundano. BRAVO y mil veces BRAVO.