martes, 7 de diciembre de 2010

Último minuto

Se supone que cuando vas a morir, ves pasar toda tu vida ante ti. Creo que eso no debe ser del todo cierto. Cuando descubro que mi vida va a terminar, lo único que veo pasar ante mí es una carretera, dando vueltas alrededor de mi coche, y un guardarraíl cada vez más cerca. Al principio pienso que me voy a estampar contra un árbol y ahí acabará todo. Luego veo que voy a pasar justo por un hueco entre dos árboles. "Mucho mejor" pienso "voy a caer por el terraplén, fantástico; al menos va a ser espectacular". No puedo dejar de pensar en si el coche explotará como hacen en las películas, o simplemente se quedará boca abajo, echando humo, con las ruedas en movimiento hasta que finalmente se detengan. A mí me dará igual, claro, porque asumo que habré muerto antes de eso por el impacto y no me enteraré.

Entonces me doy cuenta de que todo pasa muy despacio. Quiero decir realmente muy despacio. Todavía no he alcanzado el guardarraíl y parezco llevar aquí una hora pensando en mis cosas. Voy tan despacio que parece que cuando vaya a chocar contra él, el coche simplemente se detendrá sin hacer ruido. Y sin embargo esto no sucede. Cuando finalmente lo alcanza, éste se deshace como si fuera de mantequilla, apartándose mansamente a su paso. Sin hacer ningún ruido, eso sí. Es curioso lo silencioso que está todo.

Trato de recordar como he llegado hasta aquí, pero no soy capaz de hacerlo. Como si de un sueño se tratara, no soy capaz de recordar el principio. Eso me hace pensar que quizás que sea un sueño, pero descarto en seguida la idea porque todo es muy real. De hecho, demasiado real. Soy capaz de oler los pinos a los que me acerco como si estuvieran debajo de mi nariz. Incluso puedo oler un fondo de goma quemada -de los neumáticos, supongo- que por lógica debería estar demasiado detrás de mí como para poder olerlo. Puedo contar las gotas de agua que hay en el cristal delantero, e incluso las que brillan en las agujas de los pinos. Sus cortezas tienen grietas que parecen tener metros de profundidad, y en ellas puedo ver hormigas, paradas, expectantes ante mi suerte. Si fijo mi mirada en el horizonte veo las nubes como si estuvieran a un metro de mí. La realidad parece mucho más definida de lo normal, como si mi cerebro supiera que va a ser la última imagen que va a captar y tratara de aprehenderla hasta el último detalle. Es divertido que perciba el mundo mucho más real que nunca justo antes de dejar de percibirlo para siempre.

Trato de distraerme moviéndome hacia atrás en el tiempo para ver si así soy capaz de descubrir cómo ha pasado esto. Recuerdo haber perdido el control del coche, aunque no sé cómo, y que noté como las ruedas dejaban seguir la trayectoria de la carretera justo antes de que el coche comenzara a girar como una peonza. Recuerdo haber pensado que menuda suerte que no hubiera nadie en el otro carril, hasta que me doy cuenta de que si sigo dando vueltas ese será el menor de mis problemas, porque la carretera presenta una curva unos metros más adelante y mi coche sigue girando sobre sí mismo mientras se dirige a ella en línea recta. Me llama la atención no marearme, aunque supongo que todo pasa demasiado deprisa para eso.

Antes de eso, recuerdo haber conducido como un loco. Los vehículos pasaban a mi lado como si estuvieran parados mientras los adelantaba. Los que iban en el sentido contrario casi ni los veía. No recuerdo haber tenido tanta prisa, al parecer estaba furioso. ¿Qué puede haberme puesto tan furioso? ¿Importa ya? Lo dudo. En estos momentos abandono la carretera entre los árboles y paso a gravedad cero. Pienso que el impacto va a ser inminente, aunque diría que el tiempo pasa cada vez más despacio. ¿Es así la muerte? ¿Quizás sea esto el purgatorio? Aparentemente voy a pasar los próximos años de mi vida (¿siglos, tal vez?) viendo cada vez más lentamente como me estrello contra el suelo por mi propia idiotez. Tiene sentido, claro.

Me pregunto qué dejo detrás de mí. ¿Tenía familia, amigos? ¿Un buen trabajo? ¿Algún secreto que me hubiera gustado que no se supiera y que se descubrirá inevitablemente en cuanto alguien se ponga a mirar en mis cosas? Lo desconozco. Solo existe aquí y ahora. Como siempre debería haber sido, supongo.

Ahora me arrepiento de haber sido tan imbécil. ¿Deseaba mi propia muerte? Supongo que sí ¿Qué sentido tiene eso? Ahora que mi mente se aferra a cada nanosegundo entiendo el valor de la vida. Sé que no volveré a ver un amanecer, o una puesta de sol, estar en una playa, o escuchar un pájaro. Y me alegro de poder oler estos pinos, esta carretera mojada. Me gustaría poder estar aquí siempre, a falta de algo mejor. ¿Por qué siempre nos damos cuenta de las cosas tarde? Tendríais que ver esta vista...

7 comentarios:

Blase dijo...

Ahora tengo ganas de hacer puenting, paracaidismo, querer a mi chico como una loca y destrozarle, y bailar hasta que me muera.

Sr. Cuervo dijo...

Buah, me encantaría morir así, que no? Creo que has descrito la muerte más dulce, ser consciente de la belleza que te rodea hasta que... paf.

Barbijaputa dijo...

JO-DER.
FUCK!

Eres un crack, chaval. Increíble.

ana444 dijo...

Escalofríos, eso.
Precioso

Aitor Maiden dijo...

Buff!! Menuda entrada!! Practicamente cada párrafo me ha abofeteado la cara sin piedad. Has logrado que me traslade durante los cinco minutos en los que he estado leyéndote al interior de ese coche y sentir como me llegaba el impacto.

La ostia.

Totoro dijo...

Y ahora que hago con los pelos del cogote que se me han erizado y parezco un puerco espin?..alguien tiene gominaaaa?.. jooo.
PD: alucinante... y acojonante... merci!

Blanco Humano dijo...

Blase: Me gusta tu comentario. Era el tipo de reacción que quería conseguir. Gracias.

Sr. Cuervo: Un fotógrafo es la persona ideal para entender eso, que creo que era la parte más complicada. Viendo tus fotos se ve que lo entiendes...

Barbi: Gracias, guapa. Sigo sin llegarte a las suelas (bueno, en realidad los dos sabemos que yo soy mejor, pero que tú eres la que te harás famosa ;P).

ana444: Gracias, me alegro de que te guste.

Aitor Maiden: Gracias, la verdad es que no estaba muy seguro de este texto (aunque la verdad es que eso me pasa mucho). Me alegro de que te guste.

Totoro: Jajajaj... gracias guapa.